Reflexiones y realidades a debate

Por Alberto Martín

Parece importante que estas jornadas no se acaben convirtiendo en un proceso crítico cuyo objetivo último no sea él mismo. Esto es, que las jornadas no sean un ejercicio de “crítica institucional” en el que dicha crítica termine convirtiéndose en su único objeto. Deberíamos buscar el modo de desarrollar aplicaciones concretas y proponer casos específicos de análisis que nos permitan visualizar carencias, precariedades, y en último caso, el juego de tomas de decisiones y responsabilidades que han ido modelando el campo artístico en Castilla y León.

Se pone el énfasis por mi parte en dos elementos: que existen carencias y precariedades que hay que atajar y resolver, y pienso que ese es al fin y al cabo el objetivo de iniciativas como estas. Y que tales carencias y precariedades vienen generadas por tomas de decisiones (o ausencia de decisiones según los casos) y responsabilidades concretas. Por esta razón proponía en el debate que deberíamos hacer un esfuerzo por conocer la estructura y la lógica de dichas decisiones, las “regularidades” que presenta el funcionamiento del campo artístico en nuestro territorio. En definitiva cómo se regula y se modela dicho funcionamiento. Probablemente pueda haber divergencias o cierto nivel de desacuerdo en proponer implícitamente una vuelta a cierta metodología deudora del análisis que realizó Bourdieu a propósito de los “campos de producción cultural”, pero quizás podamos encontrar ahí algunas sugerencias o provocaciones aprovechables.

Una primera pauta podría ser aportada a partir de la definición y delimitación del espacio de discusión o de oposición que queremos crear. Hablo de oposición en la medida en que de eso de trata cuando se encuentran posiciones sostenidas por agentes, responsables o centros que ocupan diferentes lugares y sostienen diferentes presupuestos dentro del campo artístico. Algo que podemos extraer de Bourdieu es la facilidad con la que dentro de un campo definido, como es el nuestro, enseguida se construye y delimita el “espacio de discusión legitima”, esto es, un territorio de discusión en el que resulta fácil convertirse en “adversario cómplice”. Si el juego de oposiciones es previsible y se mantiene dentro de los parámetros estructuralmente establecidos, si nos mantenemos dentro del marco de las oposiciones consagradas, entonces el espacio de discusión que construyamos probablemente sea estéril. Sería interesante en este sentido romper, en cierto modo, el espacio de discusión, y encontrar la posibilidad de construir nuevas oposiciones.

Alguien podría preguntar de qué oposiciones hablamos. Se trata de oposiciones como la que enfrenta centralidad y periferia dentro del campo, institucional y alternativo, castellano-leonés y no castellano leonés, local y global, artístico y no artístico, público y no público, etc. Una crítica de la propia terminología que usamos o nos imponen sería provechosa en este sentido. Aunque sólo fuera para descubrir hasta qué punto un término puede representar realidades muy diferentes o reflejar una realidad encubierta según que agente del campo artístico lo utilice o lo proponga.

El territorio es una de esas realidades. ¿Hablamos de un territorio delimitado administrativa y políticamente o hablamos de un territorio que identificamos a partir de una red de especificidades? ¿Cuál de los sentidos tiene lo local cuando usamos dicho término? Desde luego sabemos que ambos sentidos no suelen coincidir. La mayor parte de las políticas que afectan al campo artístico encuentran en la definición administrativa de territorio (comunidad autónoma, ayuntamientos, diputaciones) su ámbito de aplicación. Y sobre dichas adscripciones o fronteras se superpone con muchísima frecuencia lo local, entendido como localismos. Cuando esto ocurre, justo uno de los elementos que suele resultar pulverizado es precisamente esa realidad de lo local que se intenta definir o construir activamente como “red de especificidades”. Sean políticas de subvenciones, exposiciones, compras de obra de artistas, etc, la concepción administrativa del territorio (que también es política) es la que suele predominar. Parece necesario dejar de confinarse en estos límites políticos, artificiales, que tan sólo generan precarios flujos de apoyo público. Y más cuando lo local tiende a cargarse de connotaciones claramente regresivas. En múltiples ocasiones los intentos por desarrollar una gestión que no se confundiera con dicha realidad administrativa han sufrido el acoso de “lo local”, entonces aparecen las cuotas, las cuotas de artistas locales o de la comunidad, y el clientelismo y ciertas posiciones “cortesanas” cuyo efecto es introducir nuevas jerarquías en el campo artístico. Esta realidad poco tiene que ver con el equilibrio entre esferas locales y un campo artístico cada vez más globalizado. Deberíamos estar advertidos ante los usos de lo local que simplemente construyen ese tipo de oposiciones “legitimadoras” antes señalado. Generar posiciones de extraterritorialidad podría ser interesante en este sentido. Primero, invertir o modificar los criterios de territorialidad preguntándonos qué sentido tiene lo local en cada situación o contexto determinado, y cuestionando los criterios de pertenencia o adscripción territorial. ¿Tiene sentido una política expositiva o de apoyo que toma como único criterio el lugar de nacimiento, independientemente de la específica territorialización de una trayectoria? ¿qué políticas de atracción y acogida desarrollamos desde dichos planteamientos? Pero no es sólo en la “gestión” donde el elemento de la territorialidad aparece como un elemento “problemático”, habría que estar atentos, y quizás con mayor intensidad, a la implicación territorial de las prácticas artísticas como un factor decisivo en la construcción de lo local.

Extraterritorialidad como superación de límites paralizantes y “cómodos” para determinados agentes y posiciones. Posibilidad de establecimiento de un diálogo activo entre territorios y dentro del territorio. Búsqueda de afinidades electivas y alianzas interterritoriales. Modificación de los criterios de adscripción territorial. Demanda de políticas activas que fomenten precisamente esas conexiones extraterritoriales, en lugar de políticas que fomentan la endogamia y la clausura territorial.

Algunas reflexiones sobre oposiciones, legitimaciones y posibles aperturas.

Lo emergente como recurso. El artista emergente o el espacio emergente se han terminado configurando como una salida cómoda para la promoción de artistas ¿jóvenes? o para cubrir cuotas de artistas locales o autonómicos. Al margen de que actualmente ese término ya no tiene la operatividad que tenía cuando se lanzó hace algunas décadas en nuestro país, ahora tiende a construir y camuflar situaciones de precariedad. Lo emergente ya no responde ni a una descripción de lo que aspira a animar, ni a una animación efectiva. Construye con más facilidad espacios de “marginalidad” (por estar en los márgenes de la centralidad que termina por proteger), que espacios de normalización. ¿Es lo emergente otro juego de oposición legitimadora? ¿se hace necesario otro enfoque y otra política para desarrollar lo que en teoría pretende identificar y apoyar la aplicación del término emergente?

Extradisciplinariedad. En los últimos años se propone con lucidez generar estrategias que faciliten la ruptura de los límites de los respectivos campos. La interdisciplinariedad ha terminado por reforzar la endogamia del campo artístico por otras vías. Se trata de proponer una transversalidad efectiva, no ya entre disciplinas sino entre campos con sus respectivas reglas de funcionamiento y mecanismos de reproducción que habría que contribuir a modificar. Hablamos también aquí de territorios, aunque en este caso sean realidades y acotamientos disciplinares. En ese contexto, y a modo de ejemplo, habría que entender el texto acerca de la extensión universitaria en la universidad (una reflexión sobre los espacios legitimadores en la universidad) y la propuesta de buscar fórmulas que rompan las inercias en la formación y la investigación. En cierta manera proforma (en el MUSAC) lo hace y contribuye a ello. El ámbito de la formación y la investigación puede ser así un campo de experiencia en este sentido. Dicho texto propone reformular la conexión entre formación, investigación y creación, al tiempo que plantea la necesidad de buscar alianzas y vías de conexión entre campos diferenciados y cerrados como son el académico y el de la creación artística.

Tejido. ¿Qué datos reveladores aportaría un estudio que analizara si se ha destruido tejido en el campo artístico en Castilla y León? ¿a qué ritmo? ¿en qué direcciones? ¿La aparición de nuevas y grandes inversiones centradas en determinadas infraestructuras ha influido en ello? ¿o tiene otros orígenes y motivaciones? Si encontramos que se ha generado un proceso de destrucción de tejido, ¿no aportaría interesante información acerca de cómo se ha moldeado el campo artístico en estos últimos años en Castilla y León?

Exposición. ¿no tendríamos que reflexionar también acerca del predominio del formato exposición? ¿La necesidad de descubrir y difundir de la noche a la mañana un panorama artístico castellano-leonés no es en el fondo una necesidad cómplice surgida a la sombra de acciones espectaculares del formato exposición? ¿qué ritmos y tiempos impone el formato exposición? ¿no se imponen a costa del tiempo largo que exigirían las estrategias orientadas hacia el apoyo de la formación, la investigación y la creación? ¿acontecimiento y evento frente a proceso y estructura?

Precariedad. No cabe duda de que en los últimos años han surgido nuevas centralidades en el campo artístico en Castilla y León. Y en consecuencia podemos preguntarnos si han surgido nuevas periferias. En la periferia podemos encontrar especificidades creativas, valores diferenciales, pero también precariedad estructural. ¿no estarán nuestras periferias caracterizadas fundamentalmente por la precariedad? ¿no es esa una manera de moldear el campo, convertir la precariedad en estructural? Un análisis del presupuesto, de su evolución y distribución, nos podría enseñar algo sobre cómo se moldean las realidades. La precariedad tiene muchas caras. Una de ellas puede ser incluso la propia política de subvenciones. Bajo la apariencia del apoyo se filtra a menudo el fomento de la precariedad y la disolución de las oposiciones. Pero existen también otras precariedades. Una de ellas, importante, es la que afecta a la situación de los trabajadores en las diferentes esferas del campo artístico: salarios, modalidades contractuales, ayuda a la formación, etc. Conviene dar visibilidad a dichas condiciones, como paso necesario para una mejora de las mismas. También es otro tipo de precariedad aquella que viene representada por la ausencia de mediadores. Apenas hay iniciativas de formación en gestión y producción, como tampoco las hay de apoyo a la creación de estructuras de gestión. No es ya que el tejido esté prácticamente vacío en este ámbito, es que las posibilidades de que algo se modifique apenas pueden intuirse.

Por otra parte, si ampliamos la perspectiva y observamos el conjunto del territorio castellano-leonés como periferia dentro del campo artístico a nivel nacional, tampoco poseemos las ventajas que podrían ir asociadas a la periferia frente a la centralidad, probablemente por no disponer de ese factor de diferencialidad o especificidad que se requiere para que una situación periférica pueda gestionarse productiva o creativamente.

Por último, conviene destacar la importancia de lo que podríamos llamar tejido intermedio. En ocasiones, el espacio que media entre los “grandes” centros, aquellos que más presupuesto y visibilidad atesoran, y los espacios que podríamos definir, simplificando, como asociativos, alternativos o independientes, se nos aparece como un gran terreno baldío, fragmentado, desaprovechado y desarticulado. Ayuntamientos, diputaciones, obras sociales de las cajas, etc. Múltiples espacios que en su mayoría adolecen de líneas de trabajo, de continuidad, de dotación, de formación o de capacidad de formación. En realidad, este gran segmento ocupa y gestiona una buena parte, si no la mayoría, de las acciones, de los espacio expositivos, y si lo consideramos en su conjunto, también del presupuesto. Su falta de perspectiva y de articulación convierte en improductivas muchas de sus acciones. Es difícil proyectar soluciones ante la desarticulación y fragmentación, sin embargo, se impone como un reto ineludible.

This entry was posted on miércoles, marzo 17th, 2010 and is filed under DOCUMENTOS de los PARTICIPANTES. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

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