Breve historia local de antes del ovni

Por Bruno Marcos

Me comentaba Miguel Ángel Fernández –el coordinador de esta mesa de debate–, después de la reunión inicial, que él se había preguntado cómo acometería yo todo esto y que había pensado que, seguramente, enumeraría las cosas que había antes y que han desaparecido desde que se implantaron los grandes museos en la comunidad. El hecho de que me asignara la custodia de la nostalgia me apenó de primeras y le respondí que ni el mundo, ni el arte, ni nosotros somos los que éramos.

Sin embargo ahora, días después, creo que no está nada mal lo que me adjudicaba aunque suponga cierta postumidad mía. El caso es que lo que les había propuesto, ese proyecto de biografías resumidas de artistas en estas tierras ingratas, no es más que una nostalgia también, una nostalgia de un orden intrahistórico, una nostalgia de la dignidad. No deja de parecerme fascinante la reconstrucción de la experiencia en clave de novela, y no sólo porque mis intereses sean, desde hace algunos años más literarios que artísticos, sino porque me parece posible escribir un correlato revelador.

Claro que la enumeración de los óbitos va a recordar demasiado a un ejercicio para elaborar el duelo y admito, de entrada, que no todos los decesos son culpa de las instituciones ya que, en muchos casos, las disensiones, la disparidad de intereses, los compromisos familiares o laborales, la salud, el mero cansancio, el desgaste natural, la pérdida de la ingenuidad o el ardor juvenil han obrado la desaparición de iniciativas que tuvieron, en buena medida, los rasgos, por qué no decirlo así, de lo heroico. Por ello será mejor volver a la biografía pura, ese género tan viejo, tan narcisista, pero tan encantador. No todo el mundo está capacitado para lo autobiográfico y, si no se es sincero, es muy difícil no quedar como un completo imbécil.

Yo me incorporé a la escena local y autonómica recién salido de la Facultad a raíz de una propuesta de los estudiantes de Historia del Arte de la Universidad de León para colgar unos cuadros en un enorme vestíbulo. Les respondí que preferiría hacer una instalación. Así conocí al crítico y profesor Javier Hernando que se encargó de fundar una cita anual sobre aquella iniciativa que se repitió varios años. Poco más tarde se me planteó hacer algo en la ciudad y, con una escasez de medios enorme pero con un inesperado apoyo de las instituciones bloqueé con un muro negro una explanada frente al edificio más emblemático del poder institucional de la ciudad. Era la primera vez que algo de estas características tenía lugar en nuestra vieja urbe. Por el camino empecé a participar en las convocatorias de Arte Joven de la Junta que adquirían obra e itineraban por Castilla y León y, a veces salían a Madrid, Asturias, Portugal e, incluso, nos llevaron a una enigmática Bienal de Florencia.

También realizamos algunas exposiciones que introducían lenguajes contemporáneos en una Caja España que estaba tan artrítica como hoy. La Diputación, con la dirección artística de Gómez Isla, –sería el año 96– presentó la nueva escena local al realizar la exposición León, punto y aparte comisariada por Javier Hernando, en la que tuve el privilegio de participar, además de con obra en la sala, con la realización de una performance que, según se dijo en la prensa, había sido la primera de la historia local.

Por aquel entonces surgió también una iniciativa en la que tomé parte inaugural llamada Espacio Público. Se trataba de una suerte de galería a los pies de la Catedral administrada por un colectivo y donde nunca hubo arte mínimamente comercializable.

No sé si antes, después, o al mismo tiempo me incorporé a la galería Tráfico de

Arte. Desde ella creamos un proyecto de intervenciones en la plaza que tenía delante que bautizamos como el Espacio Inventado. Yo realicé la primera intervención en la que a lo largo de un día varios hombres iban siendo emparedados en cubículos de ladrillos. Otra vez el primero. También realicé la primera obra de otro proyecto puesto en marcha por esta galería de Carlos de la Varga, el centro de operaciones de arte en la naturaleza, El Apeadero, un antiguo andén ferroviario situado cerca de Sahagún. Esta obra mía se llevó a cabo en el entorno de La Fábrica, una vieja factoría de harinas que, al borde del Canal de Castilla, había restaurado y habilitado para el arte contemporáneo el galerista vallisoletano Evelio Gayubo. También puso en marcha Carlos de la Varga una revista llamada Territorio Público en cuyo primer número colaboré y creo que llegó a sacar dos o tres más.

La efervescencia local, e incluso regional, me llamaba la atención por aquellos años y saber que existía una recepción, que los medios reflejaban cualquier iniciativa que tuviéramos, y que las instituciones colaboraran en ese proceso de actualización del arte contemporáneo sin entender muy bien lo que decíamos suponía un acicate enorme que suplía la precariedad general. Todo el mundo tenía algo que decir y ganas de hacerlo y aquello era contagioso. Las inauguraciones estaban siempre concurridas y se prolongaban en cenas que a veces pagaba un galerista sin ingresos. Las disensiones estilísticas quedaban aplacadas por una angelical comunión heurística, por un aggiornamiento local donde lo que emocionaba era la creatividad desatada por todas partes. Evidentemente no se trataba de una balsa de aceite pero, efectivamente, existía una comunidad artística con todos sus atributos.

Además aquellas iniciativas surgían de un contexto local pero buscaban la interlocución a todos los niveles. La exposición León, punto y aparte se exportó al madrileño espacio Cruce que, por aquel entonces, encarnaba las mejores intenciones de la escena artística nacional. Se creaban constantemente encuentros de debate, se organizaban conferencias, se interpelaba a los concejales y se hablaba del urbanismo. Se entró en contacto con Juan Antonio Ramírez que vino a dar varias charlas. Tonia Raquejo participó en las iniciativas del Apeadero y lo registró en su libro sobre el Land Art. Fernando Castro Flórez vino también en varias ocasiones y escribió en varios documentos, Isidoro Valcárcel Medina había expuesto en los inicios de la Galería Trafico de Arte…

Apareció una generación de estudiantes de Historia del Arte que crearon una asociación que organizó intervenciones artísticas en todo el campus universitario y editó su propio catálogo y surgió, de entre ellos, la empresa Artefacto de montajes expositivos y diseño museístico.

Claro que muchas de estas cosas se han perdido porque su propia vida había concluido pero habría que pensar en cuánta medida la irrupción de un colosal dispendio en otra dirección, que hasta el momento ha dado la espalda radicalmente al contexto en el que se ha implantado, ha contribuido primero a negar esta historia verídica, para, luego, imponer un orden otro que impida toda actividad fuera de su control.

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5 Responses to “Breve historia local de antes del ovni”

  1. Xabier Mendizabal Vieites on marzo 22nd, 2010 at 10:42 pm

    En 1987 se publicaron en Estados Unidos dos libros que marcaron un hito en la historia del fenómeno Musaci: Comunión, de WHITLEY STRIEBER, e Intrusos, de BUDD HOPKINS. El autor del primero relataba una serie de sucesos en los que era secuestrado por unas criaturas extrañas durante la noche, para ser llevado a lo que sería un museo y allí ser sometido a exploraciones y vejaciones como presentarse a las becas de producción artística . En el segundo, se sugería que cientos de personas habían sido víctimas de este tipo de secuestros, denominados en la jerga critica o museistica abducciones (traducción directa del término jurídico inglés correspondiente a secuestro). Estos textos marcaron el pistoletazo de salida de una de las modas artística de más actividad en los últimos tiempos.
    Las abducciones suponen un cambio importante en el folclore artístico porque suelen hacer hincapié en aspectos negativos: los artista lo son a la fuerza, siendo sometidos a extrañas o aberrantes prácticas , y confiesan sufrir posteriormente alteraciones psicológicas: temores, depresiones e incluso paranoias. Hay que tener en cuenta que normalmente aquellos que declaraban haber establecido contacto directo con los curadores, los contactados, solían recibir más bien un adoctrinamiento espiritual, de manera que su experiencia era más bien positiva, haciéndoles elegidos para traernos de vuelta un mensaje, normalmente mesiánico o milenarista. Un claro ejemplo de este tipo de contactos lo marca la sectaria Misión Rama, nacida en Perú en los años 70 y popularizada en nuestro país gracias a los escritos de Bruno Marcos, cuyo eslogan era «Rama es Amar». Típica también es la prolongada historia surrealista italiana de Miguel Ángel Fernández «embajador de las potencias celestes», que aún hoy sigue viva en su afán de darnos a conocer los mensajes de Fátima a través del estigmatizado Miguel Ángel Fernández
    El primer caso de este tipo de sucesos que alcanzó popularidad había sucedido sin embargo bastantes años antes, en 1961, cuando el matrimonio HILL relató haber sufrido un encuentro en una galería, sin recordar lo que había sucedido durante un periodo de más de una hora. Tras ser sometidos a hipnosis, recordaron haber sido introducidos en una casa, y sometidos a exploraciones performisticas
    La hipnosis parece ser una terapia clave en la recolección de casos de artistas de provincia (que algunos como Hopkins o JOHN MACK aseguran alcanza a un porcentaje superior al 4% de la población castellano leonesa, o incluso mundial). Hay que tener en cuenta, en cualquier caso, que la hipnosis no es un método fiable para recordar nada: de hecho, no se admiten testimonios de este tipo como pruebas en los juicios, y los psicólogos advierten que las memorias de sujetos inducidos a hipnosis son más coloristas, con muchos detalles, pero en ningún caso más exactas que las obtenidas en una simple entrevista. Lo que es peor, al creer el hipnotizado que carece de voluntad, puede ser fácilmente inducido a seguir o creer las sugerencias del hipnólogo; una vez más aparece el efecto investigador: los museologos creyentes descubren fácilmente que sus pacientes les afirman en su creencia, mientras que los escépticos no lo hacen.
    No hay ningún caso en el que el suceso «artistico» se acompañe de pruebas (testigos, evidencias físicas) suficientes para apoyar la idea de que haya ocurrido realmente fuera de la mente del sujeto. Todo lo contrario, las experiencias de artituchos de barra de tasca se hallan abundantemente descritas en la literatura psicológica como productos de alucinaciones en fases cercanas al sueño (hipnagógicas e hipnopómpicas), e incluyen la sensación de astio por parte de los acompañantes, la presencia de seres extraños (críticos o mangantes), y la experiencia extracorpórea, pudiendo sentirse trasladado a otro lugar.
    En nuestro país, el ex-sacerdote , ha sido uno de los más ardientes defensores de este lado oscuro del fenómeno mesa redonda y charla coloquio sobre arte y artistas. Para Freixedo, varias razas diferentes de artistuchos llevan a cabo desde hace años un plan programado de experimentación con las masas sociales (enorte) con los humanos, en connivencia con las grandes potencias (gobiernos autonomicos y museos ): los humanos somos sus conejillos de indias, a cambio de una parcelita para poder sentirno importantes, pasamos por el aro. Si alguien espera una prueba mínimamente convincente de semejantes afirmaciones en los escritos de Freixedo, se llevará un gran chasco: todo aquél que no le crea es poco más o menos, usando sus palabras, «un pobrecito engañado». ¡Pues qué bien!
    Paz y la prosperidad para los que siguen la Guia Michelín

  2. Bruno Marcos on marzo 27th, 2010 at 11:04 am

    Muchas gracias Xavier primero por romper el hielo de este debate y segundo por entender perfectamente mi intención novelera de afrontar estos debates saliéndo del lenguaje farragoso y estereotipado de las mesas de debate. No obstante tu relato carece profundidad analítica y de un verdadero paseompor el callejón del gato quizá or una mirada demasiado oblícua, demasiado desde fuera. Por ejemplo afirmas, dentro del tono general paródico que e-norte estaba en «en connivencia con las grandes potencias (gobiernos autonomicos y museos ): » caricatura que no cuadra, sería mucho mejor que éramos cuatro frikis contra un leviatán que eran molinos. O me atribuyes pertenencia a no sé qué secta cuando me dan escalofríos las reuniones de más de dos. Vamos que lo que te querría coregir es la técnica literaria. Mucho más interesante era el tema de las abducciones.

  3. Coco M. on marzo 30th, 2010 at 9:59 pm

    Estimados colegas:
    ¿Nos pasó algo en la última década fuera de las instituciones? ¿Puntual, discontinuo, con vocación duradera? ¿Cómo es posible que e-norte haya sido lo único que nos haya pasado en los últimos años, nos podemos permitir ese lujo? ¿Se sostuvo algo con continuidad e independencia fuera del museo, del Ayuntamiento, de la Diputación correspondiente, de la Junta de Castilla y León?
    ¿Nos llevó a reunirnos y tomar decisiones en común sobre temas que pudiesen afectarnos algo que no fuese una mesa redonda o jornadas patrocinadas por algún logo institucional con la excusa de cubrir algún hueco de programación cultural? ¿Cómo véis desde un plano psicológico y generalista la práctica artística en CYL: impotente, amargada, feliz, propositiva, pasiva, incapaz, atenazada, poderosa, cohesionada, atemorizada, servil, incomunicada, descompensada, malformada o emergente? Intentad ser sinceros y evitad eludir la cuestión con un argumento anti-generalizador (¿funciona una práctica artística en CYL desde la individualidad?) ¿Era todo esto ya así antes de la llegada de organismos como el MUSAC o como el CAB?¿Ha continuado en la misma tónica después?¿Por qué a nadie se nos ha ocurrido exigir con contundencia (haciendo un frente común de ello) centros de producción que pudiesen salvar la distancia entre centros educativos y museos?¿Alguién pensó de manera seria que podría conseguir generar tejido en esa dirección actuando en solitario? Vamos a poner las cartas bocarriba y luego podremos continuar…

  4. Bruno Marcos on marzo 31st, 2010 at 11:03 am

    Estoy contigo Coco M., sobre todo porque en el dibujo del paisaje de la carencia pero, sobre todo, este ha de ser un debate sobre el papel de las instituciones en ese paisaje. En mi breve historial local me presento no como actor sino más bien como testigo de esos brotes que surgían -no te equivoques- de la iniciativa privada y tanto se legitimaban ellos con el logo como las instituciones que pretendían modernizarse a bajo coste. Absolutamente privado fue enorte. Parece que todo te parece mal pero ese desvío te llevaría sólo a colectivos de cuatro tipos que hablan en nombre de todos o al arte comercial de cuarta división.
    Sobre centros de producción léete la canción triste, hay que exigir a los partidos políticos que presente un programa sobre la política cultural, que se sepa qué pretenden hacer.
    Lo malo de este debate es que está tomando los tintes de lo disuasorio o como poco de lo disolvente. No se puede mezclar una torización sobre lo local y lo global con la cirujía específica.

  5. Faruquito on abril 12th, 2010 at 2:18 pm

    Creo que seria mejor articulo (espero que lo escribas) » Breve historia local después del Ovni»

    Saludo

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