Canción triste de los centros de producción en León

Por Bruno Marcos

Hacia el año 2000 los varios proyectos que se habían puesto en marcha en la ciudad entraron en crisis de éxito promoviendo un mecanicismo cada vez más

cosificante y menos autocrítico. Todo estaba en grado “expo” y nada podía ser debatido.

Por entonces comencé a distanciarme de ellos. Los principales actores parecían impelidos a sacar una rentabilidad concreta a sus acciones que se materializaba, por ejemplo, en la transformación de proyectos efímeros de intervención urbana en la implantación de monolitos o pisapapeles gigantes. Mi sensación era la de que se había utilizado la actualización contemporánea para legitimar un comportamiento que no habría de tener ningún control.

Por aquel entonces coincidimos mucho Alfredo Puente y yo, las únicas personas que expresábamos nuestro disgusto ante aquellos derroteros. Alfredo se fue a trabajar, primero, al Mecad de Barcelona y, luego, al Medialab de Madrid. Cuando volvió, y aprovechando el histórico cambio en el gobierno municipal donde entraban, después de varias legislaturas monocolores, los socialistas, creó el Medialab de León que dotaba de contenido a la restauración del Palacio Don Gutierre en el meollo del barrio Húmedo, una zona muy especial para la población leonesa y para la juventud. Creo que no pasó ni un año cuando una moción de censura devolvió el gobierno municipal al Partido Popular que, antes de abrir el Medialab, decidió que aquella hermosa restauración en lugar de entregársela a la ciudadanía debería pasar a ser la sede, y el despacho personal, de un siniestro concejal de cultura. Ni siquiera se tomaron la molestia durante años de quitar la pancarta que, en el exterior, indicaba la existencia de un fantasma centro de producción cultural no nato.

En sus andanzas más allá de las lindes de esta urbe que fundara la Legio Séptima Gémina Alfredo entró en contacto con Daniel García Andujar, creador de e-valencia, y germinó en él la idea de crear un portal de Internet para la crítica de las políticas culturales en estas tierras. La idea le rondó bastante tiempo la cabeza sin decidirse a ello hasta que, con motivo de la apertura del Musac, yo publiqué un artículo destacando las grandes paradojas que planteaba. Poco después, se puso en marcha el portal con una adscripción territorial que me pareció demasiado grande, e-norte abarcaría todo el noroeste peninsular. Consiguió una repercusión que nos dejó bastante sorprendidos, estuvo tres años en antena alcanzando al día una media de 1.200 visitantes distintos con picos máximos de 1.700 y llegando a los 900 comentarios en alguno de sus hilos más delirantes. A petición de Alfredo escribí durante el último año un blog dentro de e-norte que arrancó como un dispositivo autocrítico. Así funcionó algunas veces y otras pretendía iniciar debates en los que aflorasen los radicales desacuerdos o las más agudas enfermedades que aquejaban a la comunidad artística. Claro que para acometer una empresa como esa había que estar preparado para todo, para oír descalificaciones inaceptables dirigidos a todo el mundo, pero, en definitiva, el material de e-norte fue constituyendo un archivo excepcional de las patologías existentes y dio un paso enorme hacia la disolución del mapa del silencio proporcionando un medio de producción crítica totalmente independiente del que carecía el territorio.

A finales de 2009, en una noche navideña en la que una intensa nevada

paralizaba todo me adentré, a través de un suelo socavado de obras por un camino negro de tablas en lo que habría de ser la inauguración pirata del centro joven de producción cultural llamado Vías, ubicado en los viejos cocherones de la céntrica estación del mítico tren de vía estrecha. Allí un grupo muy selecto de políticos, arquitectos, artistas e intelectuales celebraban la entrega del ramo de un edificio que debía albergar el mejor proyecto que he conocido para esta ciudad. Su diseño corrió a cargo de Alfredo Puente pero poco de él habían dejado los responsables políticos. Parecía que los allí convocados celebrábamos lo que podía haber sido y ya no sería. Otro duelo más, otro recién nacido cadáver. El centro Vías planteaba varios niveles de actuación, desde el público general al especializado, la dirección estaría formada no por un déspota del gusto personal sino por un equipo, en el que sí habría un director pero también un consejo asesor y representantes de las asociaciones implicadas. Vías recuperaría parte de la memoria de la ciudad enraizándonos a través del respeto a la arqueología industrial del lugar. Y, algo inaudito, sería barato, basado en principios del reciclaje.

El director nacional del Injuve había declarado que era el mejor proyecto de los

que se le habían presentado a nivel nacional y que debía ser respetado hasta el punto de comprometer la partida presupuestaria que el gobierno central aportaba. “Hace falta lealtad para que Vías no se convierta en despachos de funcionarios y sí en un laboratorio de creación.” Escribió en la prensa, luego, uno de los concejales que le dio impulso. Pero lo llamativo era que pedía lealtad a la Junta para que no torpedeara el proyecto negándole el apoyo que le había dado a centros similares allí donde gobernaba su color, pero, también, a los gestores del proyecto, es decir a los propios del propio color político.

El proyecto Vías insistía en desterrar casi totalmente el término de arte de sus propuestas para centrarse en la idea de ágora ya que este no hacía más que contaminar su discurso y era dañado constantemente por la presencia hipertrófica y controladora del Musac.

Por aquel entonces, cuando Alfredo me visitaba se sentaba en el diván y yo le repetía la greguería de Ramón Gómez de la Serna: “Entre los carriles de la vía del tren crecen las flores suicidas.”

Al fin el Ayuntamiento ha contratado a una empresa de eventos culturales para que entretengan a la muchachada y generen los titulares de prensa oportunos.

Hace poco el joven poeta Jorge Pascual, un tanto estupefacto, me remitía un email que le había llegado: “Se buscan (para Vías) jóvenes con capacidades creativas y expresivas, con dotes de malabarista, volatinero o titiritero…”

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One Response to “Canción triste de los centros de producción en León”

  1. Fernando on abril 4th, 2010 at 12:47 pm

    A permitir cosas como esta es a lo que me refiero…

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