Mundos de arte y actividad colectiva

Documento enviado por Amparo Moroño

Mundos de arte y actividad colectiva

de Howard Becker. Originalmente en  «Los mundos del arte», Universidad Nacional de Quilmes, Buenos Aires, 2008.

Amparo Moroño. Comentario al texto

“Mi objetivo no es trazar una línea divisoria que separe a un mundo de arte de otros sectores de una sociedad. En lugar de ello, lo que buscamos son grupos de personas que cooperan para producir cosas que por lo menos ellas llaman arte. Una vez encontradas, buscamos otras personas que también son necesarias para esa producción, con lo que vamos construyendo gradualmente un panorama lo más completo posible de la red cooperativa que irradia el trabajo en cuestión. El mundo existe en la actividad cooperativa de esas personas, no como una estructura ni una organización, y usamos esas palabras sólo para dar ideas de redes de personas que cooperan”

Becker, H. Los mundos del arte

Pensaba en este texto a raíz de la aportación que realiza Alberto Martín en este blog, en la que menciona la necesidad de pensar algunos aspectos controvertidos (territorialidad, extradisciplinariedad) y oposiciones (global-local, institucional-alternativo)  que se generan dentro de un determinado campo artístico.

Howard Becker, en su libro Los mundos del arte utiliza la noción de ‘mundo de arte’ como una unidad básica de análisis que podría funcionar de manera parecida a la noción de ‘campo artístico’ o ‘campo de producción cultural’ que utiliza Bordieu. En la tesis de Becker, ese campo artístico es entendido desde un punto de vista sociológico y no como un ente productivo o autónomo. Su análisis pasa por considerar un sistema del arte como una red de trabajo cooperativo, en la que  tanto la producción de la obra, como la creación de políticas culturales y discursos artísticos o la dotación de significado a estos últimos, es generada en un conjunto de personas (profesionales reconocidos, profesionales no reconocidos y receptores) quienes, en su especificidad, acaban construyendo un sistema único y susceptible de ser entendido como una entidad colectiva. Podríamos también rescatar algunas de estas reflexiones para revisar, como comentaba Alberto, la noción de territorio desde cuestiones no geográficas o de pre-supuesta identidad cultural.

En ese sistema tendría tanta importancia la persona o el grupo de personas que participa de la producción técnica de una obra o de un evento cultural como la persona o grupo de personas que marcan las líneas de trabajo y las legitiman; y también aquel colectivo que es denominado como receptor y que interpreta y, por lo tanto, significa, la obra en un contexto socio-cultural determinado. Todos ellos estarían unidos por lo que Becker entiende como ‘vínculos cooperativos’.

Un mundo de arte entiende lo que podríamos llamar oposiciones, como realidades que siguen diferentes caminos dentro de un mismo sistema. Es posible, dice Becker, “entender todo trabajo como el producto de una elección entre comodidad convencional y éxito, y problemas no convencionales o falta de reconocimiento”, lo que nos podría hacer pensar en la necesidad dentro de un sistema de esas segundas  elecciones así como en formas posibles de diálogo entre unas y otras.

En un mundo de arte, el/la artista es entendido como un/a trabajador/a. Como un eslabón más de la cadena, y su trabajo no es fruto de la genialidad, sino de una red de colaboraciones e intercambios no sólo profesionales sino, y sobre todo, culturales, que contribuyen a la creación de la obra. El/la artista, por lo tanto, debería tener una recompensa económica y simbólica por su trabajo de la misma manera que debe tenerla un/a montador/a, un/a educador/a o un/a crítico/a de arte, en tanto que trabajadores/as – TODOS/AS – que cooperan en una misma estructura.

En un mundo de arte habría que pensar en modos de incorporar al “espacio de discusión legitima” a todas las esferas participantes de esta red de trabajo colectivo. Para ello, habría que revisar las formas de cooperación dentro de las estructuras, articulando múltiples espacios de diálogo a diferentes niveles y con diferentes fórmulas: administrativas, gestoras o incluso incorporando estas dinámicas de diálogo a los propios procesos de producción artística-cultural (articular ese tejido intermedio)

Podríamos, incluso, replantearnos la noción de comunidad o comunidad artística abriéndola a grupos de personas profesionales y no profesionales que cooperan en un sistema y que tradicionalmente son invisibilizados en los procesos jerárquicos de organización del trabajo o de los roles sociales dentro del propio sistema. En estos grupos se encontrarían aquellos formados por las personas receptoras de las obras, como colectivo que participa del proceso contribuyendo, entre otras cuestiones, a reforzar las convenciones que sostienen un ‘mundo de arte’. ¿Estarían estos también autorizados a reformular esas convenciones o a plantear alternativas desde problemas no convencionales?

This entry was posted on lunes, marzo 29th, 2010 and is filed under DOCUMENTOS de los PARTICIPANTES. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

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