Prácticas de diálogo con el contexto local

por Amparo Moroño

No sé si toda práctica es local. Pero sin duda, toda práctica artística está localizada en un contexto que no solamente funciona como el escenario físico o simbólico “del arte” sino que además, cubre estas prácticas de infinitos significados que las alejan (o deberían alejarlas) de cualquier interpretación purista o despolitizada. Las manifestaciones artísticas mantienen un diálogo con los discursos globales del arte pero también lo mantienen, aunque no siempre de manera consciente, con las realidades locales -artísticas o no artísticas- Es por eso que las prácticas localizadas requieren reflexiones localizadas.

Esto, que parece una obviedad, es un punto de partida que no siempre tenemos en cuenta a la hora de analizar las políticas culturales en contextos concretos. Fácilmente todos/as estaríamos de acuerdo en que una retrospectiva de una reconocida artista de vanguardias no significa lo mismo en una casa de cultura de su pueblo natal que ubicada en un museo de una gran capital europea como Paris. Igualmente, cualquiera de las exposiciones que se presentan en los diferentes museos y centros de arte de Castilla y León adquiere unos significados que serían diferentes si se presentaran en cualquier otra institución del ámbito estatal o incluso fuera de él. Esto no quiere decir que a cada contexto le corresponda un tipo de práctica o que haya prácticas que no tengan lugar en determinados contextos. Simplemente, esto nos exige al conjunto de receptores del arte (trabajadores/as culturales o no) acompañarlas de un tipo de análisis e interpretaciones más complejos y sobre todo más plurales. Los contextos significan y re-significan las prácticas artísticas y esto, lejos de distorsionar los discursos originales (los del/la artista, los del/a comisario/a…) los enriquece e incluso puede llegar a ponerlos en cuestión.

Con esto sólo quería estar segura de no olvidar, antes de empezar, que el arte no se nos presenta en las instituciones despojado de toda estas cuestiones, sino que, lejos de ello, deberíamos realizar cualquier análisis o interpretación de cualquier tipo de actividad artística, desde la complejidad de situaciones, significados y redes de trabajo que lo acompañan. No sé si podríamos entender esto como un contexto local, pero podría ayudarnos en la búsqueda de un marco.

Tampoco querría olvidar, antes de continuar, quiénes somos las personas que estamos hablando en este espacio y cuál es la justificación profesional o biográfica que nos avala como agentes del arte con voz legitimada para emitir juicios o plantear propuestas sobre las políticas culturales en Castilla y León. Desde donde hablamos, cuál es nuestra relación con este “mundo de arte” y qué repercusión tienen nuestras palabras en las prácticas y en la construcción de discursos. O quizás sería mejor no olvidar cuáles son las voces que no están y preguntarnos por qué y de qué manera éstas podrían entrar en el debate en tanto que participantes de una realidad local.

Centrándome en la tarea que nos ocupa, y en este intento de analizar el grado de implicación que tienen las instituciones artísticas de la comunidad en sus contextos locales, es necesario, desde mi punto de vista, detenernos en un primer lugar en dos cuestiones fundamentales:

–       La primera sería aclarar cuáles son las nociones de público, museo, exposición, contexto local… e incluso de práctica artística que se están manejando desde las instituciones del arte en la comunidad y, principalmente, las que estamos manejando en este debate. No con la intención de perdernos en laberintos teóricos, sino desde la responsabilidad de saber que nuestras palabras en este foro construyen un discurso sobre las relaciones entre instituciones culturales y contextos que pueden -o no- corresponderse con las diferentes visiones que conviven dentro y fuera de estas jornadas. De la misma forma que una retrospectiva de un artista de vanguardia no significa lo mismo en cualquier contexto, la institución museo no significa lo mismo para el colectivo de artistas que para cualquier otro colectivo y tampoco se entiende de la misma manera desde las voces que emergen de la propia institución. El objeto de este primer análisis, no pasaría por encontrar lenguajes comunes o elaborar un texto colectivo. Estaría más bien en visibilizar las múltiples formas en las que las prácticas artísticas contemporáneas están siendo interpretadas en diferentes lugares dentro de un mismo sistema del arte y convertir esta multiplicidad de interpretaciones en un punto de partida para la reflexión y el debate colectivo. Quizás nos tocaría, en este punto, pensar cuál es la responsabilidad que tienen las instituciones del arte de cara a este posible debate: ¿Serían escenarios o serían interlocutoras? ¿Podrían iniciar las instituciones artísticas procesos colectivos de reflexión y autocrítica? ¿Quiénes estarían autorizados a participar en estos procesos dialógicos?

–       Una segunda tarea pasaría por revisar nuestras prácticas, nuestros modos de trabajar (como artista, como crítico/a de arte o como institución cultural) con los contextos locales en tanto que productores de políticas culturales y en tanto que legitimadores de discursos artísticos. En este punto podríamos revisar las programaciones de las instituciones pero también los discursos que emergen de la práctica del arte. Me parece importante no olvidar una diferencia fundamental entre dos tipos de prácticas: aquellas que se realizan para la ciudadanía y aquellas que se realizan con la ciudadanía. Las primeras, me hacen pensar más en una estructura de oferta y demanda, en la cual, el que oferta (la institución) ha de conocer-intuir-adivinar-presuponer… las preferencias del que consume para generar un producto que goce de aceptación entre los potenciales consumidores. Las segundas partirían de procesos de diálogo con la ciudadanía convirtiendo así a los receptores pasivos en agentes activos en los procesos de producción cultural.

–       Si queremos, en un tercer lugar, podríamos hacer una serie de propuestas de trabajo o líneas de acción que nos ayuden a dibujar una política cultural para la Comunidad Autónoma que parta de una preocupación por las relaciones entre instituciones y sus contextos locales y que esté basada en el diálogo entre las múltiples realidades culturales que conviven en el territorio. Pero, ¿Quién estaría autorizado a funcionar como realidad cultural y por tanto, a formar parte de esta red de trabajo colectivo? ¿Estaríamos hablando de colaboraciones institucionales o de un diálogo instituciones – ciudadanos? ¿Podríamos llegar a pensar en una estructura colaborativa en la que las producciones culturales emergieran de un proceso de reflexión crítica entre artistas, trabajadores culturales, instituciones y receptores?

Intentaré abordar estas tres cuestiones desde mi realidad profesional como educadora en un museo de arte contemporáneo que está cargado de infinitos significados. No hace falta decir que el MUSAC no significa lo mismo para la crítica internacional que para la prensa local. Como tampoco es interpretado de la misma forma por el colectivo de artistas locales que por la comunidad artística internacional. Y tampoco yo lo interpreto de la misma forma que lo hacen cada una de las personas que pasan cada día por el museo. Como dije anteriormente, me parece importante ser consciente de estos cruces para no caer en interpretaciones simplistas y también para detectar entre tod@s las múltiples posibilidades que surgen de esta red de significados

Hablo también desde la realidad que se está viviendo en los departamentos de educación de museos y centros de arte contemporáneo donde la educación artística está dejando de ser entendida como un mero ejercicio de mediación entre propuestas expositivas y “públicos” sino como un ejercicio político. Donde además, las educadoras entendemos que nuestra tarea pasa por un conocimiento de los “públicos”, no como gran masa o como cifras, sino como colectivo diverso y heterogéneo. Siendo conscientes de la necesidad de conocer el contexto social y cultural en el que éstos se inscriben para poder detectar zonas de conflicto, inquietudes e intereses comunes (Padró, 2003)[1]

Por último, me posiciono en este debate como trabajadora cultural que está inmersa en una estructura – sistema del arte – que distingue entre trabajadores/as de primera y de segunda fila, artistas de primera y segunda fila y propuestas de primera y segunda fila. Y tal y como afirma Howard Becker, dentro de un “mundo de arte” hay quien se encuentra en una u otra posición por voluntad propia y hay quien, por el contrario, está siendo categorizado sin ser consciente de ello o sin haber mostrado una voluntad de pertenencia.

1. Revisión de las nociones, conceptos y preconcepciones que estamos manejando en el debate.

En la tarea de debatir, reflexionar las prácticas artísticas en sus contextos locales, existen múltiples nociones básicas que podríamos traer al debate. Señalo tres de entre las muchas que podríamos tratar:

–       Pensar Lo Local. Casi entiendo este punto como una parada obligada a realizar ante la propuesta que se nos hace desde la organización de las jornadas. Lo local, al margen de lo geográfico, al margen de las cuotas o al margen de cuestiones de identidad cultural. ¿Cuándo hablamos de un/a artista local o de un trabajo pedagógico con el contexto local, a qué nos referimos?

–       Pensarnos en tanto que sistema de arte-mundo de arte-campo artístico ¿Cómo estamos entendiendo la realidad castellano y leonesa en tanto que Sistema del Arte?

–       Los públicos. ¿Qué lugar les estamos otorgando desde las políticas institucionales? ¿Qué perfil de visitante se construye desde las instituciones del arte en Castilla y León?

2. Análisis de nuestras prácticas

Ante la propuesta de “analizar y evaluar el grado de integración de las instituciones creadas en la última década en sus diversos contextos”, plantearía las siguientes preguntas para trabajar en el transcurso de las jornadas:

–       Las políticas expositivas ¿En qué lugar están dejando al conjunto de la ciudadanía? ¿Sería posible construir una agenda expositiva que responda a las inquietudes culturales de los/as ciudadanos/as? ¿Qué procesos garantizarían la presencia de estos intereses en la construcción de discursos?

–       Las ayudas a la producción de obra. ¿Qué tipos de prácticas están apoyando y, en consecuencia, legitimando?

–       La labor pedagógica ¿Cómo está funcionando dentro de las estructuras institucionales?

3. Algunas respuestas provisionales a las cuestiones planteadas.

Si, como apuntaba anteriormente, entendemos el trabajo de las instituciones en su entorno local como una práctica de DIÁLOGO CON el contexto que pueda desembocar en un trabajo artístico colaborativo, habría algunas cuestiones que deberíamos contemplar, tales como:

–       La presencia de proyectos de investigación como base del trabajo artístico y de las prácticas institucionales. Generar desde las propias instituciones y desde la actividad artística estudios específicos que den sentido a las prácticas  y que no se marquen como objetivo la consecución de perfiles de visitante ni cifras de audiencia, sino comprender en sus múltiples dimensiones, cómo funcionan las relaciones entre la propia institución y su contexto local. Por lo tanto, hablaríamos de investigaciones situadas en un lugar y unas circunstancias específicas que partan de la concepción de que la idea de museo o la de práctica artística es construida, en parte, desde la mirada de quienes comparten contexto con la institución, pertenezcan o no a lo que estamos entendiendo por sistema del arte.

–       Programaciones a largo plazo. Una de las confusiones que más daño está haciendo a la actividad artística en general tiene que ver con la inercia que conecta la actividad cultural con “el evento” y que está indudablemente ligada a lo que Guy Debord entendió como un proceso de espectacularización de la cultura[2]. Desde las exposiciones hasta las actividades educativas, pasando por cursos, seminarios, conferencias… se presentan acotados en unas fechas de comienzo-inauguraciónfinalización-clausura que eliminan la posibilidad de que éstas se conviertan en puntos de partida para el desarrollo de procesos de pensamiento colectivo y que las convierte en acontecimientos aislados. Podríamos hablar mucho sobre este tema, pero me preocupa especialmente las fronteras que esto genera en relación a los/as receptores/as de dichas actividades que nunca acabamos sintiéndonos “parte de”. Caminado en esta dirección, inevitablemente nos veríamos obligados a repensar el concepto de exposición pero también la noción de pedagogía del arte.

–       Des-infantilizar a los públicos y posibilitar la toma de los espacios del arte por parte de los/as ciudadanos/as.

Hace poco tuve la ocasión de conocer una experiencia que se llevó a cabo en el año 2008 en la Tate Gallery de Liverpool, en la que el departamento de educación consiguió un elevado presupuesto por parte del gobierno para comenzar un proyecto expositivo: The Fifth Floor: Ideas taking space [3] basado en un proceso de diálogo con distintos colectivos de la ciudad. En una de las actividades se preguntó a la población qué le gustaría hacer en el museo. La gente dio respuestas tales como: bailes de salón, clases de maquillaje, etc. Así, el museo organizó talleres  y exposiciones de estas características justificadas en esa labor inicial de consulta con los “públicos”. Este episodio, lejos de ser entendido como un hecho ejemplar, acaba convirtiéndose en un gravísimo ejercicio de irresponsabilidad por parte de la institución que, en lugar de trabajar con la comunidad en un ejercicio previo de pensamiento crítico acerca  de su relación con el museo, justifica su función social con prácticas vacías y simplistas.

–       Nutrir las colaboraciones institucionales y el trabajo en red para garantizar la emancipación de los grupos de trabajo y las propuestas impulsadas desde las instituciones. Colaborar con otras entidades locales relacionadas -o no- con el arte contemporáneo nos ayuda, además, a  enfrentarnos con otras formas de entender y abordar nuestra práctica. Nos proporciona la oportunidad privilegiada de vernos desde los ojos de otros y así ser conscientes de nuestra responsabilidad como agentes culturales en el marco de un engranaje complejo, que funciona más allá de las paredes de la institución.

–       Replantearnos la labor pedagógica no como un ejercicio de simple traducción de discursos o de transmisión de conocimientos edulcorados y reelaborados por lo departamentos de educación sino como un ejercicio de reflexión y pensamiento crítico. La educación entendida como traducción es peligrosa tanto para las propias propuestas expositivas o el trabajo de los artistas que puede verse deformado en un intento de simplificación, como para los públicos que se ven infravalorados y convertidos en recipientes vacíos que es necesario llenar de contenidos.

–       Repensar las políticas expositivas o explorar otros modos de producción artística además del formato expositivo en un intento de romper la estructura piramidal: comisario – artista – educación – público para sustituirla por procesos de producción cultural horizontales en los que los significados sean construidos -o deconstruidos- entre todos los agentes a partir de dinámicas de trabajo colaborativas. En este sentido me parece interesante mencionar aquello que Grand Kester denomina Estéticas Dialógicas y las prácticas artísticas colaborativas en las que artistas y trabajadores/as culturales ponen su práctica al servicio de los intereses y preocupaciones de las comunidades en las que trabajan.

–       Ayudas a la producción colectiva y no sólo a la producción de obra. Una de las necesidades que demanda la situación actual del tejido del arte en Castilla y León está relacionada con el apoyo a la producción. En este sentido, y antes de valorar modelos o políticas de ayuda, habría que preguntarse cuál es el tipo de producción artística-cultural que queremos fomentar en relación a la práctica artística local. ¿Queremos apoyar la producción de obra realizada por artistas locales o la producción de obra que reflexione sobre temáticas locales? o, por el contrario,  ¿Queremos fomentar prácticas artísticas que entren en diálogo con las realidades locales? Enfocado de otra manera, podríamos pensar también si queremos fomentar la obra de artistas que trabajen desde lo individual sobre lo local o en colaboración con los colectivos del contexto local. Sería interesante repasar el proyecto “Connecting sites and communities”  llevado a cabo en el año 2004 por el colectivo APAP (Advancing Performing Arts Project) y en el cual varios artistas y colectivos recibieron financiación europea para realizar proyectos en colaboración con diferentes colectivos de varias ciudades en toda Europa[4].

–       La situación de los trabajadores: Trabajo especializado y precariedad laboral. Por último, y de acuerdo con otras aportaciones que se han realizado en este espacio, considero indispensable abordar la situación en la que se encuentra la mayoría de trabajadores/as de las diferentes instituciones artísticas de la Comunidad Autónoma, especialmente aquellas que trabajan en departamentos de educación y que son las que, con su trabajo diario, toman el pulso a eso que estamos llamando “contexto local”. Este colectivo está sufriendo las peores condiciones laborales en un sector, como el de la cultura, en el que se manejan presupuestos desmesurados y en el que las distancias  entre las condiciones de trabajadores/as de primera y segunda fila son desproporcionadas.

Estas son algunas de las ideas que propongo para el debate a raíz de la propuesta que se nos hace desde las jornadas. Por supuesto no son planteamientos cerrados sino una aportación personal a lo que espero sea un proceso de reflexión en el que, además de poner en cuestión temas como los citados anteriormente, podamos ser capaces de plantear una propuesta común sobre formas de trabajo colaborativo con las comunidades del contexto local.


[1] Padró, C. (2003) La museología crítica como una forma de reflexionar sobre los museos como zonas de conflicto e intercambio en Museología crítica y arte contemporáneo. Almazán, D. y Lorente, J.P. Zaragoza: Prensas Universitarias de Zaragoza.

[2] Debord, G. (1999)La sociedad del espectáculo. Valencia: Pre-Textos

[3] http://www.tate.org.uk/liverpool/exhibitions/thefifthfloor/

[4] www.apanet.eu

 

This entry was posted on miércoles, abril 14th, 2010 and is filed under DOCUMENTOS de los PARTICIPANTES. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

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