¿Cuántos museos? ¿Qué museos?

Javier Hernando, ¿Cuántos museos? ¿Qué museos?, conferencia pronunciada en las Jornadas de comunicación y debate. Espacios para el arte, Consejería de Educación y Cultura de la Junta de Castilla y León, Valladolid marzo 2001. [Título inicial tachado en el manuscrito: “Arte y espacio”]

[Es destacable en esta conferencia de Javier Hernando leída en Toda práctica es local en su edición de 2010, fuera pronunciada por él 9 años antes en un foro ofrecido por la Junta de Castilla y León y haya permanecido inédita. Hay que señalar que en ese momento no habían sido inaugurados todavía los actuales museos de arte contemporáneo de la comunidad, aunque algunos estaban siendo construidos. Esto otorga a la conferencia de Hernando un carácter muy anticipador de las cuestiones que están siendo abordadas hoy en esta plataforma. Hay que recordar también que fue Javier Hernando el primer director de las Jornadas de Estudio del Arte Contemporáneo de Castilla y León en el 2005, celebradas en el MUSAC. Los siguientes extractos fueron leídos el 17 de abril de 2010, en presencia de su autor, por Víctor del Río que prestó su voz a las palabras que el catedrático de la Universidad de León escribiera en 2001 y cuya enfermedad le impedía pronunciar la conferencia].

Por Javier Hernando

Las dos preguntas que marcan esta intervención me han parecido interesantes y, sobre todo, voy a hacer mención a la primera, es decir, “cuántos museos”, puesto que hablaríamos de cualidades y cantidades, o de cantidades y cualidades, por seguir, el orden del título, me pareció que la primera pregunta era bastante pertinente no sólo porque durante los últimos años el incremento cuantitativo de los museos, de los centros, de las salas de exposiciones, ha sido notable, sino también porque esto me sugería que la cantidad parece asociada a una valencia negativa que afecta a toda la sociedad actual en todos los campos. Es decir, que es una de las obsesiones actuales, uno de los parámetros de la sociedad actual es la “cantidad”, queremos muchas cosas y en todos los terrenos.  En este sentido, en términos generales no hay duda de que esta explosión, parece que imparable del nuevo neoliberalismo, de ese capitalismo triunfante del que hablaba Juan A. Ramírez hace unos años, ésta influyendo en esta obsesión cuantitativa.

Quiero decir que, por ejemplo, en España hemos pasado de tener 20 universidades a principios de los 80, a tener ahora 60 o 70, los museos se han multiplicado por 20, y desde luego en ello hay, en primer lugar, una razón en el desarrollo económico, que conlleva un desarrollo social y, por tanto, una demanda de estas instituciones. Pero yo creo que también hay una cierta glotonería, una cierta obsesión por tener cosas en cantidades masivas. Esta obsesión implica en muchas ocasiones una degradación de la calidad, la masificación va en relación directamente proporcional a la calidad, mayor cantidad menor calidad. En este sentido podemos decir que en el caso de los museos, y ya no hablo sólo del caso de ahora del museo de arte contemporáneo, sino en el sentido general, hay una verdadera inflación. Así es como se han ido creando museos de todo tipo, algunos muy pintorescos, desde el museo de los botijos, hasta museos cinegéticos con colecciones de sujetos que dejan sus muestras de animales, como puede ser es caso de Sabero, que esta financiado con dinero publico. Encontramos todo tipo de centros, también museos que se encuentran entre lo popular y lo filantrópico.

En el Arte Contemporáneo sucede algo parecido y sin embargo podemos interrogarnos si este crecimiento masivo de los centros museísticos, los centros de arte, no resulta paradójico. Yo creo que sí resulta paradójico, si tenemos en cuenta algunos parámetros socioculturales de nuestros días, por ejemplo, que a un mayor nivel de escolarización, de enseñanza, tenemos un menor nivel de conocimiento.

Los casos de analfabetismo funcional están llegando en España a unos niveles verdaderamente peligrosos. En otros lugares son una realidad, como en Gran Bretaña, donde a pesar de una escolarización general, cada vez se aprende menos. Es posible que ello se deba a que hay una voluntad de no aprender, hay un rechazo hacia el conocimiento, y esto llega a crear situaciones realmente graves como que los escolares con 18 años no alcancen a entender las instrucciones de un aviso o un procedimiento público. Esto esta empezando a inquietar los Ministerios de Educación que intentan resolver la situación de alguna forma. Hay una serie de estadísticas reiteradas, como que el 50% de la población no compra jamás un libro. Sabemos que la telebasura copa las audiencias y que los eventos deportivos prevalecen sobre el interés por la cultura. Por tanto yo creo que esto genera una fuerte paradoja entre la demanda real y la oferta cultural de elite. Esta descompensación se da en todos los aspectos como en el campo literario: esto es, aunque apenas se compren libros, algunas ediciones que se publicitan en los medios de masas consiguen ventas masivas. Toda una gama de pseudocultura, como los premios literarios, los fascículos coleccionables, se convierte así en un despliegue de elementos de decoración para la gente, son sustitutos de un verdadero interés por lo cultural.

El propio rechazo de la cultura está en los centros universitarios, en los propios alumnos y todo este éxito de la banalidad más chabacana conduce al acoso del pensamiento y también, como ha señalado recientemente en un articulo de El País Luís Goytisolo, a una crisis de la palabra. Ya no solamente estamos alcanzando un analfabetismo funcional, estamos llegando a la propia destrucción del lenguaje.

El escaso interés por el arte, no impide que determinados espacios como el Guggenheim en España, o los museos históricos, o determinadas exposiciones puntuales de artistas muy famosos, jóvenes o no, alcancen notoriedad mediática. Barceló, por ejemplo, está apareciendo en los medios de comunicación de continuo (Barceló hace unos 3 ó 4 meses tuvo en El País una página completa dedicada explicarnos como iba a pintar una nueva serie). [Este comentario no puede dejar de ser leído hoy en relación a la polémica suscitada por la capilla pintada para la sede de la UNESCO, en este punto Javier Hernando asocia esta cuestión a la masificación de las exposiciones de nuevo cuño y menciona, por ejemplo, Las Edades del Hombre, que es un producto que tiene una vital importancia en los planes de promoción del patrimonio en Castilla y León].

En España en la década de los 70 apenas había estas instituciones museísticas de arte contemporáneo. Estaban los clásicos museos provinciales de Bellas Artes, que se comenzaron a construir con la revolución del 68, museos de Bellas Artes que han sido desmantelados, maltratados y cerrados durante años (por ejemplo el de Segovia). Desde los años 60 se van creando también algunas salas expositivas, algunos centros específicos de exposiciones temporales, y ya en los 80 se produce el boom, primero en las comunidades autónomas más desarrolladas culturalmente y económicamente, Cataluña, Valencia…, y luego, al abrigo del desarrollo autonómico, en el resto, Galicia, Canarias, País Vasco, Extremadura…

En un sentido general, las infraestructuras expositivas han crecido sin orden, con escaso rigor, y si repasamos por ejemplo las colecciones que albergan muchas de estas instituciones públicas o semipúblicas, por ejemplo las cajas de ahorros, lo que vemos es una absoluta falta de coherencia, y una falta de coherencia también en la política expositiva, en donde de nuevo domina la cantidad sobre la calidad. No hay ningún tipo de filtro, se mezclan obras de artistas serios con artistas casi domingueros. O se mezclan exposiciones de artes plásticas con exposiciones de setas, y es un caso real…

Por tanto en este mismo terreno, las condiciones, las infraestructuras de las salas de tantos centros creados apenas existe, no hay dotación, ni infraestructura material, ni infraestructura humana. No hay una programación definida y los objetivos fundamentales de buena parte de estos centros están dedicados a agradar al máximo número de personas. Fundamentalmente se trata de contabilizar visitantes al precio que sea, y en este sentido se considera que las exposiciones no populares van en contra de la propia institución.

Naturalmente no todos los centros operan bajo esta perspectiva, hay centros, hay fundaciones ejemplares, podríamos indicar muchas, incluso dentro de la propia comunidad.

La tendencia de los años 80 es crear un centro o museo de arte contemporáneo por comunidad, algunos funcionan de una manera muy desigual, por ejemplo el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, y otros, sin embargo, lo hacen de una manera más rigurosa. Este año en Arco hemos visto muchísimas propuestas nuevas y esto implica sobre todo más cantidad y mucha menos calidad, sería necesaria por lo tanto una reordenación de todo esto, sería necesario establecer objetivos diferenciados, particularizados.

Sería deseable adoptar criterios marcados por el rigor, la calidad, la coherencia del discurso y esto tanto en lo que respecta a los fondos de los centros que acogen colecciones como a sus propias exposiciones temporales. Hay por tanto situación de caos y una falta de especialización. Vemos, si atendemos a la primera pregunta sobre  “cuántos”, que efectivamente hay muchísimos centros, hay muchísimos museos, pero en términos generales los criterios  que operan en ellos dejan bastante que desear.

¿Qué tipo de museos? Antes me he referido a los museos de Arte Contemporáneo no a los históricos, en ese sentido los museos de Arte Contemporáneo han operado con 2 orientaciones: hacia lo moderno y hacia lo contemporáneo. Sobre el centro-museo que se va a construir en esta comunidad ya ha habido dudas acerca de la denominación de Moderno o contemporáneo. [Se refiere aquí al Museo Patio Herreriano de Valladolid]

El término “moderno” remite a principios de siglo, es un concepto, es un valor, en aquel momento muy positivo, renovador y vanguardista. La vanguardia siempre fue moderna y la renovación del arte parecía corresponder a una renovación en todos los terrenos, de los propios hábitos de vida, de la propia actitud artística… Por tanto en ese sentido lo moderno, estaba asociado a la vanguardia, a la radicalidad, y desde luego el término moderno debe oponerse sobre todo a la tradición. Y aunque la postmodernidad más rancia, que es por otro lado dominante, se ha opuesto a lo moderno porque lo ha considerado algo fuera del tiempo, algo paradójicamente antiguo, yo creo que lo moderno sigue siendo una condición reivindicable. Es algo recuperable en el sentido de que va asociado a las exposiciones avanzadas en todos los órdenes, desde lo ideológico a lo formal. Por ello, durante la primera mitad del siglo, cuando se fueron creando los primeros museos dedicados al arte nuevo, adoptaron esa denominación.

El término Contemporáneo más bien a un criterio de orden cronológico, lo más actual, lo más reciente. Uno de los problemas que se plantean en ese sentido sería dónde empieza la contemporaneidad, y, por tanto dónde, se inician, en el caso de estos centros, las colecciones.

Junto a los museos de arte contemporáneo iría surgiendo otra variante que serían los centros de arte, lo que los alemanes llamarían Kunsthalle. Son centros muy dinámicos dedicados fundamentalmente a exposiciones temporales y otro tipo de actividades pedagógicas, pero que no poseen colección o cuya colección es mínima.

En Europa, existe una concepción estatal del museo que procede del Siglo XVIII. En Estados Unidos el Estado no deja de ser contemplado como algo sospechoso y los museos tienen un origen privado. Esto implica unas fuentes de financiación privadas, un tratamiento distinto, implica que los museos tienen aportaciones de socios, venta de entradas, ingresos que proceden de conferencias y otras actividades especiales. También, por supuesto, obtienen ingresos de la venta en las tiendas, restaurantes, cafeterías, del apoyo filantrópico, de los donativos, de las campañas de recaudación de fondos, de las donaciones de arte y de otras muchas fuentes.

En estas décadas, ya últimas del Siglo XX e inicios del XXI, podríamos diferenciar entre dos tipos de museos:

– Lo que podríamos llamar los “museos mediáticos”, que pueden serlo tanto como museos de arte contemporáneo como de carácter histórico. En gran medida los grandes museos históricos hoy son ya museos mediáticos cuyo acceso se vuelve difícil cuando uno tiene que soportar colas de dos horas para llegar a entrar a una exposición. En ellos las condiciones de recepción de la obra tampoco son adecuadas cuando se masifica el tránsito por las salas y los grupos de visitantes ocupan el espacio casi por completo. Es entonces cuando estos centros operan como reclamos turísticos y convocan a gente de todo el mundo con independencia de los fondos que contengan. Se han convertido en un reclamo en los que la calidad del público baja para convertirse en una forma más de industria cultural. Este tipo de museos mediáticos exigen exposiciones del mismo tipo como las que museos como el Guggenheim dedica a la obra de un diseñador de moda como Armani. No se trata de que el museo sea un espacio de culto sagrado que se profane con estas contaminaciones, sino que esto forma parte de un programa de incorporación del propio museo a una esfera mediática en la que convive con las estrellas del corazón o con los eventos políticos.

Nuestros visitantes no sólo son ciudadanos a los que servimos responsabilidad pública sino también clientes y usuarios de nuestros servicios, sobre todo clientes y usuarios. La exigencia de grandes eventos y macroexposiciones sigue siendo un reclamo popular que distrae la atención del público respecto al contenido para orientarlo hacia el despliegue económico y al ejercicio mismo del patrocinio. Se da una simetría entre el producto de la exposición y los productos que se derivan en un sentido comercial, como el catálogo o el marketing asociado a la exposición.

Por tanto en este sentido habría que decir que estas exposiciones están muy ligadas a los grandes eventos mediáticos. Yo creo que no aportan gran cosa a la investigación y que son principalmente reclamos que no tratan de educar la sensibilidad, sino atraer y atrapar al público como cifra legitimadora.

Los museos por otra parte, al margen de estas desmesuras, deben definir una línea de trabajos más específicos y tanto en las exposiciones temporales como en la definición de las propias colecciones. Frente a estas macro exposiciones hay que proponer temáticas, buenos criterios de programación y también buenos criterios en la proyección.

El MOCA de Los Ángeles fue fundado en el año 81 y plantea 2 ideales:

– Por una parte el  compromiso, cito textualmente: “con el arte y la cultura contemporánea”.

–  y 2° una  convicción de que esta cultura es vital para el museo. Para llegar a este doble convencimiento ha sido necesario investigar lo que significa ser contemporáneo y el modo de seguir siéndolo con el paso del tiempo. Es evidente que el museo debe seguir creciendo como un faro global y flexible, receptivo a los cambios, a lo desconocido y a lo nuevo, con el fin de integrar una pluralidad de ideas y formas artísticas y de evolucionar como una entidad viva.

El MOCA de los Ángeles ha hecho siempre un especial hincapié en la actualidad artística. Es un museo dinámico frente a la idea de un museo estático que cada vez camina más hacia la tradición, hacia un gran mausoleo. En ese sentido el MOMA ha tenido un especial compromiso con los artistas vivos, estimula la producción. Y esto me parece un tema importante que los centros de arte contemporáneo deben hacer, estimular la producción, incluso encargar obras específicas…

La colección, por otra parte, intenta ser muy representativa de la evolución del arte contemporáneo, se ocupa de todo tipo de medios desde la pintura hasta la fotografía, desde las artes gráficas hasta las instalaciones, y tiene un carácter intercontinental, es decir, hay obras de los 5 continentes, sin renunciar por su puesto a otros territorios como la arquitectura.

El museo también tiene en cuenta las colecciones de la zona colindante o periférica al mismo, para hacerse de alguna manera complementario de ellas. Cronológicamente los fondos del MOCA se centran en las últimas 5 décadas, se centran en el arte en su contexto temporal, en la esfera conceptual.

La programación de exposiciones tiene cuatro grandes líneas:

– Una es temática: exposiciones de gran escala articuladas sobre una idea, sobre un tema central, representado por todo tipo de medios y recursos para una visión global de la actividad artística.

– Otra, las individuales: muestras dedicadas a artistas relativamente jóvenes, pequeñas retrospectivas, pero que tienen una cierta solidez en el panorama internacional.

– También las históricas, tanto individuales como de movimientos y tendencias…

– Por último el trabajo con formatos multimedia: conciertos, cine…

Otro caso de un museo fundado con mucha más anterioridad sería el MOMA de San Francisco, en el año 35, y que recientemente, hace unos 3 ó 4 años aproximadamente, se trasladó a una nueva sede. El traslado del museo ha permitido incrementar la atención a los fondos para ampliar la colección. Aunque los fondos se remontan a principios de siglo, desde el año 1839, sin embargo el MOMA en los últimos años se ha centrado en adquisiciones y en exposiciones temporales de obras a partir de los años 80.

Para valorar todo esto hay que tener en cuenta la ubicación y el contexto de estos centros. El MOMA estaría en esa gran zona de la costa este americana, de gran actividad económica ligada a la producción de alta tecnología y muy relacionada en términos culturales con Latinoamérica. Un cruce de caminos, donde se produce esa intersección cada vez más evidente, más avanzada. Esto se comprueba tanto en el nivel económico, como en el nivel cultural y esto tiene su presencia y tiene su reflejo en la producción del museo. La programación de exposiciones refleja tal cruce de caminos, una identidad regional que en este caso es una identidad un poco intercultural.

El interés de lo contemporáneo les ha llevado a adquirir obras de los movimientos más importantes y más renovadores de la segunda mitad del siglo en todos los ámbitos, en ese sentido tienen unas colecciones importantes de los minimalistas, postminimalistas y también de algunos de los más destacados videoartistas.

El último caso que quiero señalar es también bastante peculiar en Europa: el Museo de Arte Moderno de Frankfurt, que se fundó en el 91, con un edificio además muy singular. Una planta muy extraña, tanto por su triangularidad, como por su escaso espacio. Es una especie de museo en miniatura, y que, sin embargo, ha conseguido convertirse en una referencia interesante en el marco de los centros contemporáneos de Europa. Su director se preguntaba cómo hacer una colección de Arte Contemporáneo, y se respondía que no es posible transmitir una visión global de los logros del Arte Contemporáneo porque las premisas que dan lugar a las obras actuales son muchas y muy diversas y crear diálogos entre ellas es bastante complicado. Por otra parte no forman un discurso lineal, sino absolutamente discontinuo. Piensa también que podrían aunarse obras distintas, buscando, a pesar de las dificultades, el diálogo. En su política se pretende una apuesta por un seguimiento de artistas a veces muy jóvenes y escasamente conocidos, pero que trata de constituirse como una experimentación curatorial. Leo textualmente la declaración del mismo: “El apoyo de determinados artistas, el mantenimiento de obras de ciertos artistas, constituye para el museo y para el director una nueva forma de reto”.

He recogido ahora algunas líneas expositivas de distintos centros de arte nacionales  e internacionales. El IVAM por ejemplo hizo revisiones históricas de artistas y movimientos de vanguardia interesantes, que fueron desde el futurismo italiano o el arte checo de la vanguardia a monográficas extraordinarias. Para responder un poco a la pregunta sobre “qué centros”, de qué tipo de museos estamos hablando, apostaría por unos centros al margen de esos otros macrocentros, de aquellos mediáticos, por unos centros mucho más contenidos, que no estén obsesionados por las macroexposiciones y las grandes afluencias de público en términos cuantitativos.

Creo que un centro de este tipo, un museo contemporáneo, un centro que tenga una colección importante o que se centre en las temporales, debería ser un espacio dinámico que atendiera a la realidad de la creación actual.

1- Dentro de la realidad actual yo creo que el denominador fundamental de este momento, y que será en los siguientes años, es la interdisciplinariedad de medios. Es decir que hoy las fronteras entre ellos están absolutamente traspasadas y esa mezcla extravagante, rica de creaciones que compatibiliza la danza con la música, la escultura con la pintura, se convierte en un elemento sobre el que apostar

2- También creo que es deseable que estos centros tengan una autonomía en la gestión, es decir, que haya una dirección, un patronato, un comité que sean quienes dicten las actividades del centro.

3- Las colecciones no deberían convertirse en un elemento obsesionante, ni deben reclamar la parte sustancial del presupuesto, sino que deberían ser concebidas más bien como un proceso a largo plazo y articulado siempre a partir de criterios muy estrictos. La colección debería tratar de restringir el marco cronológico al presente por razones estrictamente presupuestarias y sobre todo al futuro, es decir, no se puede iniciar ahora un centro y pretender tener una colección de comienzos de siglo y en ese sentido.

4- Las exposiciones deberían combinar la producción propia con la coproducción e incluso en algunos casos con la compra y así mismo buscar una compatibilización entre las muestras individuales y las muestras colectivas, si bien estas últimas deberían estar siempre articuladas a través de un concepto, una tesis, para evitar esa reiteración bastante frecuente en muchos casos de colectivos, bajo enunciados extremadamente banales. Tampoco es deseable la concepción de exposiciones exhaustivas que terminan por aburrir al espectador.

Bien, para terminar, yo diría que los museos y los centros de arte contemporáneo, desde luego, constituyen una parte fundamental de la infraestructura cultural de nuestros días y sin embargo su desmesurado crecimiento no tiene una correspondencia con la demanda social. Son muchos los que se jactan en este respecto de no acudir jamás a un museo o a una exposición, y no ya como una postura contracultural, como podía ocurrir en otros momentos de la historia del siglo XX, sino como una expresión de rechazo a la cultura, al pensamiento.

En este marco la creación contemporánea continúa alejándose de la masa social, el arte actual continúa acentuando su carácter especulativo en términos conceptuales, apostando por el tipo de propuestas, complejas en ocasiones, de elevado coste productivo. El museo debe caminar por una vía que no se halle condicionada por factores externos de este tipo, ya que ni puede frivolizar en aras del éxito ni tampoco convertirse en un espacio puramente didáctico, el museo no es una escuela, el museo es un lugar al que hay que llegar, hay que aproximarse con cierto bagaje.

Los museos no pueden, por tanto, estar sometidos a las cifras como una asociación empresarial, porque todo eso desvirtúa su sentido. Esta degradación de lo creativo la hemos visto desde hace años en el cine, que es un territorio prácticamente cadáver, dado el acoso de la industria cinematográfica norteamericana. Pienso en museos reducidos, que generen un cierto ánimo cultural, que propongan debate, que presenten la realidad de la creación de cada momento, que sean reductos del pensamiento… esta debería ser, según mi opinión, la estrategia de los museos, de los centros de arte contemporáneo del presente y del futuro.

This entry was posted on viernes, febrero 25th, 2011 and is filed under 2011, DOCUMENTOS de los PARTICIPANTES. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

Leave a Reply