2002-2012: diez años de declive cultural en Salamanca

ANTONIO MARCOS (16/01/2012)

“El tiempo vuelve frágil la memoria de los hombres. Frágil e inconscientemente selectiva”.

Julián Lanzarote Sastre, ex alcalde de Salamanca en el libro “Salamanca 2002. Un año de cultura”.

Justo en el momento en el que se cumplen diez años de la inauguración de Salamanca 2002 Capital Europea de la Cultura –19 de enero–, se vive cierta agitación a raíz de la remodelación de las fundaciones que gestionan la programación cultural del Ayuntamiento, que ofrece casos tan paradójicos como dejar el DA2 –centro de arte contemporáneo– con sólo un técnico en plantilla. Conviene, siguiendo la advertencia del ex alcalde, hacer memoria, no ya del 2002, que como evento que fue será irrepetible hasta que haya otro similar, sino de lo que había antes y de lo que queda ahora. Y adelanto aquí mi conclusión: el 2002 iba a ser un trampolín, pero se quedó en tobogán, todo hacia abajo y sin frenos, vencido por las decisiones políticas, la inercia y la falta de modelo.

El grado cero de la cultura. Cuatro años antes de la capitalidad, reunimos en Tribuna a los gestores y a gente de la cultura. La transcripción del debate ocupó doce páginas del suplemento Batuecas y lo titulamos así, el grado cero de la cultura, quizá un poco exageradamente, con ganas de llamar la atención sobre lo que entonces parecía un páramo en cuanto a infraestructuras y planificación para lo que se avecinaba. El Ayuntamiento no tenía ni un teatro –estaban el Bretón (privado) y Juan del Enzina (Universidad)–, ni una sala de exposiciones. La programación se hacía desde la Universidad en representación de todas las demás instituciones. Y era –en teatro y música, por ejemplo– una mejor programación de la que tenemos ahora: por variedad, por atrevimiento y por tener un discurso detrás.

El 2002 acabó en 2003. En el verano de 2003, el ex alcalde arriba citado dictó el despido de todos los trabajadores de la Fundación de Cultura y el CASA –ahora se llama DA2–, de la noche a la mañana y sin justificación. El Tribunal Supremo declaró los despidos como improcedentes. Está bien recordarlo porque eso que usted podría calificar como cacicada fue el primer golpe de mano a la herencia de la capitalidad. Y porque el tiempo vuelve frágil la memoria de los hombres. Ese mensaje de “aquí mando yo” y con esas formas tan poco sutiles para estos tiempos democráticos suponía una fractura múltiple para lo que podríamos llamar el “estilo 2002”: unas pautas de calidad en la exhibición y producción de espectáculos, un discurso de programación protagonizado por las manifestaciones de la cultura contemporánea y la proyección exterior de la ciudad más allá de su consolidado valor patrimonial. Si la esfera política no había entrado en el contenido ni en la forma del 2002, dejándolo en manos de gente especializada y experta, tardó seis meses en recuperar las riendas y quitarse de encima a quienes lo habían hecho posible.

La inercia. Si usted escucha el discurso político sobre la cultura en la ciudad, verá que sigue sonando más o menos como todo eso que pone ahí arriba. Pero los hechos dicen lo contrario. El programa del aniversario de la Plaza Mayor de 2005 ya fue una manifestación bastante evidente del declive imaginativo y organizativo. Mientras, se mantiene la apuesta por el modelo “colección”: Museo del Comercio, Museo de la Automoción, Artilugios para fascinar, La medida del tiempo y hasta un museo dedicado al arte oriental de unos conocidos del alcalde con unos jarrones de dudosa autenticidad y presupuestos millonarios. Hasta cinco museos que pretendían seguir la estela de la Casa Lys, pero sin su atractivo ni sus resultados. Desde el punto de vista patrimonial, también ha gastado el Ayuntamiento mucho dinero en derribar las casas de la muralla: ese paño al descubierto será sin lugar a dudas un atractivo turístico de primer orden. Ya llegan autobuses llenos de gente que paran allí, o quizá me confundo y es el 4 (Filiberto Villalobos-Puente Ladrillo) que tiene la parada justo debajo…

El final de un modelo. ¿Y cómo estamos hoy? Tenemos una sala de exposiciones en Santo Domingo que se ha convertido en contenedor de propuestas a coste cero –es decir, sin una línea de programación concreta–, un CAEM con una tasa de ocupación algo mayor que la del aeropuerto de Castellón, una Sala B –que iba a ser el refugio de lo “alternativo”– de la que no se ha vuelto a saber, un Liceo acogiendo lo más obvio de lo que ofrece la Red de Teatros –es decir, lo mismo que cualquier otra capital de provincia, pero a lo conservador, tan conservador como el arquitecto que decidió mantener las columnas esas que no dejan ver–, un montón de museos-colecciones de los que nunca sabemos si la gente va o no a verlos, y un DA2 que ha ido quedándose en los huesos, ahora con un técnico en plantilla, exposiciones que duran ocho meses y sin un director. La figura del programador –alguien capaz de convertir un discurso determinado sobre la cultura en propuestas concretas, de elegir en función un presupuesto y una idea– se ha sustituido por un gerente. Ya puestos, se podría encargar todo a una gestoría. Así te ahorras la licencia del Contaplús.

Estamos en crisis. Mientras ha habido dinero –y el apoyo de Caja Duero–, la propuesta cultural del Ayuntamiento –hablo solo de esta porque es la que pagamos todos los que vivimos aquí, afortunadamente hay vida más allá de lo municipal– ha ido bajando por el tobogán desde el punto en el que la dejó la capitalidad. Y este estado de cosas económicas y narrativas llamado crisis debería ser el fin del viaje. Si el modelo de ciudad para el que iba a servir de trampolín el 2002 –una oferta cultural atractiva en unos edificios creados para ello que atraiga al turismo y satisfaga las necesidades culturales de los salmantinos– ya no funciona, y lleva años sin funcionar, construyamos otro, pero no sigamos con la letanía del “aquí no pasa nada y el tiempo nos dará la razón” porque eso ya no cuela. En mi opinión, no se trata de un problema de dinero sino de mala gestión: elecciones políticas desencaminadas o encaminadas a lo contrario de lo que decían ser.

También habrá quien diga que eso de la cultura como economía de la ciudad es una milonga dedicada a lucir unas fotos chulas en Fitur. Y habrá quien piense que es que lo queréis todo y si quieres ver espectáculos diferentes o grupos que no salgan en los 40 Principales pues vete a Madrid o a Berlín ya que te pones, que aunque en la Puerta de Zamora ponga “de Zamora” coges carretera y te puedes ir a cualquier sitio, que ahí tienes la puerta. Pues eso. Como hace veinte años.

Info obtenida: http://www.tribunasalamanca.com/noticia/70011/Blog-Antonio-Marcos/20022012-diez-a%C3%B1os-declive-cultural-salamanca.html

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